El desarrollo de la Inteligencia Artificial y sus múltiples bondades, es una realidad insoslayable. De hecho, ha revolucionado a muchos sectores y áreas del quehacer humano, prometiendo eficiencia, innovación y avance tecnológico. Pero, no todo es perfecto. Además de los debatidos factores éticos y morales de su uso, que la ponen en entredicho, se ha sumado el impacto negativo que está generando sobre el medio ambiente.
Si bien la IA ha demostrado ser un valioso aliado para predecir fenómenos meteorológicos extremos y su impacto, como lluvias intensas, granizo, incendios forestales, inundaciones y terremotos, y obtener una respuesta más eficiente y rápida ante los desastres naturales, tiene su lado negativo para el planeta.
El crecimiento de esta tecnología y su infraestructura asociada, genera la proliferación de desechos de equipos eléctricos y electrónicos. Además, consumen grandes cantidades de agua, que cada vez escasea en muchos lugares. Depende de minerales críticos y elementos raros, que a menudo se extraen de forma insostenible. Y utilizan cantidades masivas de electricidad, lo que emite más gases de efecto invernadero que calientan el planeta.
"Todavía hay mucho que no sabemos sobre el impacto ambiental de la IA. Pero algunos de los datos que tenemos son preocupantes", afirmó Golestan (Sally) Radwan, directora de transformación digital del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
La experta reiteró, en una nota técnica que explora la huella ambiental de la IA y considera cómo se puede implementar la tecnología de manera sostenible, que es imprescindible asegurarnos de que el efecto neto de la IA en el planeta sea positivo antes de implementar la tecnología a gran escala, y deteriore el medio ambiente.
Datos alarmantes para el medio ambiente
El sector tecnológico referido a la IA podría producir desechos electrónicos equivalentes a más de 13.000 millones de unidades de iPhone 15 Pro hacia principios de la próxima década, reseñó Wired. Y como dato curioso y preocupante reseñó que Google generó 14,3 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono. Las emisiones son equivalentes a las liberadas por 38 centrales eléctricas de gas en un año.