Los médicos y enfermeras a quienes les encanta la serie médica The Pitt de Max recuerdan el momento cuando se dieron cuenta de que no era como los demás programas médicos.
Caitlin Dwyer, enfermera encargada de turno en Milwaukee, se fijó en la decisión de un personaje —contraria a la intuición, pero médicamente correcta— de no desfibrilar a un paciente con un tipo concreto de insuficiencia cardiaca.
Elizabeth Rempfer, médica en Maryland, sintió una punzada de reconocimiento ante la representación de una sala de espera caótica y desesperada.
Para Tricia Pendergrast, médica residente en Míchigan, el momento se trató de un personaje que se enfrentaba a una carga de trabajo tan incesante que incluso una ida al baño se veía interrumpida.
“Es la primera vez que veo médicos en televisión y siento que me veo reflejada en ellos”, dijo.
La mayoría de los profesionales de la medicina aprendieron hace tiempo a no esperar realismo en las dramatizaciones de su trabajo.
Desde los primeros tiempos de General Hospital, pasando por Grey’s Anatomy y sus diversos derivados; hasta éxitos más recientes como The Good Doctor y Mentes extraordinarias, los dramas médicos televisivos han tendido a ser más dramáticos y menos médicos.